El placer de cagarse en todo: El efecto terapéutico de las palabrotas

¿Por qué cuando nos damos un golpe nos sale una palabrota automáticamente? ¿Por qué no te quedas igual de a gusto si dices “recorcholis” o “diablos” que si dices “¡mierda!” o “¡joder!”?
Desde pequeños se nos ha insistido en la importancia de tener un vocabulario rico y de omitir palabras mal sonantes, pero ¿de verdad debemos eliminarlas por completo? La respuesta es no, según un estudio científico realizado por la Keele University (ver aquí el estudio completo) las palabrotas tienen un efecto terapéutico y por ello debemos de seguir usándolas (en su justa medida).

El director de la investigación fue Richard Stephens, el profesor de Psicología de esta universidad. Tuvo la idea de estudiar este efecto cuando accidentalmente se golpeó un dedo con un martillo al construir un cobertizo y observó lo a gusto que se quedó cuando soltó todo tipo de soeces por la boca.

Stephens pidió a 64 estudiantes voluntarios que metieran una de sus manos en un cubo con agua helada y que resistieran lo más posible mientras decían cualquier palabra común. Luego se les pidió que realizaran la misma acción pero esta vez repitiendo una palabrota, la que ellos eligieran y acostumbren a utilizar en su día a día.

El resultado fue que cuando los participantes utilizaban malas palabras, ofensivas y vulgares, resistían una media de 2 minutos en el agua helada, sin embargo, cuando no usaban ningún tipo de palabra mal sonante sólo aguantaban una media de 1 minuto y 15 segundos.

efecto-terapeutico-palabrotas

Las palabrotas tienen su función en nuestro cerebro, nos ayudan a liberar endorfinas, unas sustancias (péptidos opioides endógenos) que produce nuestro cuerpo de forma natural, para conseguir atenuar el dolor y/o producir una sensación de bienestar. Es por eso que las endorfinas son conocidas también como hormonas de la felicidad, en este caso, felicidad, lo que se dice felicidad, tampoco consigue, pero si nos ayuda a llevar mejor la situación.

Después de leer esto, no es cuestión de que ya tengas la excusa perfecta de ir diciendo palabrotas hasta la saciedad, el propio director de la investigación advierte que hay que “dosificar” las palabrotas para que su efecto sea más eficaz, es decir, sólo usarlas cuando sea necesario y así evitar una habituación y, en consecuencia, una reducción del efecto.

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